Fundadora de las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios

Mañana es un día especial, celebramos el nacimiento de Madre Trinidad, y con ello celebramos y damos gracias a Dios por su vida, su carisma, su pasión, su amor por Cristo y todo lo que ello ha supuesto para nosotras. En el post anterior tenéis un acto Mariano que puede servir para celebrar comunitariamente este día.

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MADRE TRINIDAD     (28  –  01  –  13)

Canto: Ante ti me postro p. 29 (V)

Introducción: ¡Oh Jesús dulcísimo sacramentado por mi amor! Compañero inseparable en mi peregrinación hacia el cielo. Venid hoy para siempre a mi corazón, poseedlo, guardarlo  para vos puro, amante y fiel, como hoy vengo a consagrarlos, dignaos derramar sobre mi alma la divina gracia con toda la plenitud de vuestros dones. ¡sed vos para mí todas las cosas! Me consagro para siempre a vos, a fin que seas mi Padre amantísimo, mi dilectísimo Esposo. Mi Maestro y director de mi alma. Guiadme vos, dulcísimo Jesús de mi alma, Jesús. ¡ Venid a mi Dios mío! Venid a obrar en mí la perfecta renovación que deseo en vos, por la cual ardientemente suspiro. Ahora prometo felicidad a todas vuestras inspiraciones y deseos. ¡Que os ame siempre, Jesús mío!

Primer Misterio: Pobreza.

​Un acto de fe. ¡El Señor es! Parecía oír al ángel de mi guarda que me avisaba cuando el demonio me decía: ¿ No ves como no miran por ti? Y las compañeras me decían: como calla su caridad, la cargan: para eso la quieren…para “mozo de cuerda”. Y una voz dulcísima que no daba lugar a oír al demonio me decía. ¡El Señor es! Y allá me echaba a lo más duro y difícil por su amor, por darle gusto, por probarle mi amor.

​Esta fue la luz o inspiración que el Señor me dio desde el principio de mi vocación, servir al Señor en la vida de humildad recogimiento y pobreza, que después encontré en el convento de capuchinas de San Antón de Granada, que su observancia y buen espíritu me llenó el alma de consolación y de paz. ¡El señor sea bendito por siempre!

​Canto: Madre de Dios y Madre de los hombres (Sólo el coro, para todos los misterios)

3 Ave María

Segundo Misterio: Castidad

​Los hombres no pueden conocer como la mujer a qué punto de sensibilidad llega un corazón que ama y que ama bien como se debe amar, porque estas delicadezas parece las puso Dios en el corazón de la mujer y en el alma de los mártires, y qué somos las monjas capuchinas sino las mártires de amor voluntarias.

​Así por un don especial de Dios, nos alumbró con la luz  y gracia de la vocación religiosa, en Dios encontramos el digno y único objeto de sus afectos, porque sólo El puede satisfacer sus ansias, y le proporciona una felicidad y dicha inexplicable, y así nos convida a su amor continuamente desde el Sagrario en donde por nuestro amor está preso.

Tercer Misterio: Obediencia

​En estos años primeros de mi vida religiosa vivía tan feliz, la obediencia era mi norma, sentía que Jesús me pedía negarme a mi misma y seguir en todo la obediencia y no sentía violencia en obedecer, aunque las obediencias fuesen tan penosas como el asistir  una enfermedad contagiosa y repugnante, o lavar de noche y con frío quebrando con la mano el hielo, velar , etc. De mi cuenta nunca pude prestarme a ello, por creer perdida la salud y me haría inútil. Si la obediencia me indicaba que convenía ayudar a tal o tan trabajo sentía que con el Señor lo podía todo y entraba en el trabajo por penoso que fuera con toda la fuerza de mi alma y alegría de mi corazón, pues allí tenía fe, que daba gusto a Jesús, a quien deseaba servir y amar con todas mis fuerzas.

​Quince años viví pendiente de la obediencia, y fueron tan sabrosos los frutos de la obediencia que pedía en mis oraciones al Señor  me concediese obedecer siempre, pues la paz que sentía obedeciendo me daba fe, que obedeciendo subiría al cielo, pues no tendría el demonio de qué acusarme, y el dulcísimo Jesús me abriría las puertas de su misericordia.

Cuarto Misterio: Adoración

​Gracias a Dios, mis buenas hermanas, que en nuestras Capuchinas no ha entrado ese frío glacial de la tibieza, debido tal vez a las cenizas de nuestras amadas Fundadoras. Por eso nuestro amante y celestial Esposo que tiene sus delicias y regalos con habitar en nuestros jardines y huertos para coger y recrearse n sus hermosas flores y ricos frutos, nos llama desde el Sagrario en donde preso de amor pide le acompañemos en su soledad y le consolemos , ya que en estos jardines encuentra aromas y perfumes que le recrean.

​A nosotras mis carísimas hermanas, nos pide el fruto de la adoración, porque ve nuestra tierra mejor preparada y labrada con la continua penitencia y desea que con nuestro ejemplo como luz clarísima vaya delante alumbrando las tinieblas que en nuestro espíritu deja la tibieza, con el sol de la Sagrada Eucaristía que nuestra madre Santa Clara tomó en sus manos.

Quinto Misterio: Misión

​¡Oh Divino Maestro, fortaleza y vida de las almas en la Santa Eucaristía!

Concédenos llevar a vuestra santa ley las almas de los niños, que por obediencia nos encomiende. Que el fuego de vuestro espíritu caldee sus corazones, alumbre su inteligencias, y legiones de almas te conozcan, amen y sirvan y vayan a ti a beber en abundancia la vida verdadera de tu santo amor, que les lleve a las bienaventuranzas…

Letanías: Cantadas

Oración: (Todas Juntas)

​¡Oh, Jesús mío! Así como el agua se mezcla con el vino en el santo sacrificio de la misa, así quiero yo unirme con vos, Jesús mío amantísimo, y ofrecerme en holocausto con vos, víctima divina, a la Santísima Trinidad en reparación, expiación y desagravio por las ofensas,  sacrilegios y abandonos que recibís en el santísimo Sacramento del altar, y que todas las Capuchinas Eucarísticas de la Madre de Dios sean vuestras adoradoras perpetuas en espíritu y en verdad, como os adoran en el cielo los ángeles- Amén

​Canto para cerrar el sagrario: Ven y descánsate p. 230​​​​​

NAVIDAD

Vivamos la Navidad como M. Trinidad, mirando con asombro la humildad de Dios hecho niño en el pesebre y pidiéndole nos ayude a imitarle y a buscar siempre su voluntad.

Nota: En el pesebre. Mi consagración a Jesús Niño

25 de diciembre de 1942

 

            ¡Oh dulcísimo y amado Jesús! ¡Oh Maestro de humildad, aquí junto a ti, Niño anonadado en el pesebre, vengo a tu presencia a aprender de ti la virtud de la humildad… mirando vuestra dulcísima sonrisa y sintiendo junto a ti dulzuras inexplicables veo que la virtud de la humildad no rebaja ni envilece, antes me sublima y ennoblece en participar las riquezas inexplicables de tu amor haciéndome semejante a ti vida de mi alma que eres por esencia noble! Confieso arrepentida no haber conocido la humildad verdadera, que sólo a tu lado he aprendido; aspiren y busque sobresalir… Yo quiero Jesús divino estar junto a ti, alegría de los cielos y gozo de los bienaventurados, solo ambicionaros hasta donde pueda ocultarme, desaparecer, humillarme, segura que así estaré contigo y en tu compañía, dichosa en colocarme junto a ti aquí para estar contigo eternamente en el cielo.

            ¡Oh Jesús humildísimo, qué grande es el amor de tu corazón misericordiosísimo, humillado y obediente! ¡Cuán grandes y profundas cosas me enseñas! Dame Jesús mío, te lo ruego, tu gracia y amor para que se grave hoy en mi alma lo que me enseñas con tu ejemplo! Me queréis humildísima como tú y que sepa conducirme por tu sabiduría infinita. He de ser dirigida por vos en la obediencia con toda perfección, agregando mi propia voluntad y juicio, siguiendo con fe sencilla la divina autoridad y tu voluntad manifestada por mis legítimos superiores. Estoy, Señor y Dios mío, dispuesta a someterme con humildad y entregarme de todo corazón a tu santísima voluntad.

            Jesús mío fortalecerme para que a vista de mis ingratitudes no desfallezca mi fe, ni se debilite mi amor hacia ti que lo sois todo.

 
 

Estamos comenzando la celebración de año de la fe, queremos vivirlo a fondo, como nos propone la Iglesia y también dejándonos acompañar por la experiencia de M. Trinidad, mujer de fe, y mujer de Iglesia. Empezamos con un texto :

Tan misericordiosísimo es Jesus Divino que da a mi alma, por solo su amor y misericordia, una fe…un atractivo tan fuerte, que no puedo separarme de su adorable Presencia, que le veo en todas las cosas prósperas o adversas, siempre le siento dentro de mi, conmigo en el dolor y en el gozo, y me explico aquel “vivo yo, mas no yo, sino Cristo vive en mi” de San Pablo.” M. Trinidad L7  C32  

La fe como don, como atracción hacia Jesucristo, como Presencia permanente, y como entrega total, así es como M. Trinidad la vivía. Image

 

Con nuestras constituciones recién renovadas y celebrando Su Presencia Real en el Sacramento de la Eucaristía nos unimos a la petición de renovación de M. Trinidad:   

Lisboa, 24 de junio de 1943

Fiesta del Santísimo Corpus Christi

¡Nuestra gran Fiesta! ¡Día del Amor!

            Pidan al Señor, mis amadas madres y hermanas, que cumplamos fielmente nuestras santas Constituciones como dadas por Dios nuestro Señor.

            Desaparezca ya de nosotros todo cuanto no se conforme para que renovándonos en el fuego eucarístico del Corazón sacramentado de Jesús, nuestro corazón, palabras y obras repitamos con la santa Iglesia en el oficio del santísimo Corpus Christi, a quien adoramos: “Recedant vetera, nova sint omnia, corda, voces et opera”. “Que desaparezca, que se borre, que se quite lo viejo para que todo se renueve el corazón, las palabras y las obras”.

            Que así, carísimas hermanas de mi alma, pidan y hagan pedir esta gracia para todas nosotras presentes y futuras…  

 

En un día como hoy de 1889, con tan solo diez años Madre Trinidad se consagraga a Jesús en el colegio de Santa Inés de Granada, desde entonces sólo quiso ser Suya…

“A la M. Maestra le hablaba del Niño, de su hermosura, de lo que gustaría tenerle un ratico en mis brazos… Ella me oía con atención y me decía: “El Niño Jesús vendrá a tus brazos cuando quieras ser su esposa, pero ahora que quieres irte con tu papá, ¿cómo vas tú a merecer mecerlo y besarlo y después te marchas…?” ¡Oh, no, madre mía, que si beso a ese Niño yo seré lo que él quiera, o su esposa, o su niñera… y la maestra me seguía el hilo y me decía: “Tienes que pedírselo a su Madre Santísima, la Virgen Santísima, y no sé que le parecerá”. Y cogiéndome de la mano, me dijo: “Ven conmigo”. Y me llevó al coro y me puso de rodillas delante de la Santísima Virgen, y me dijo: “Ahora pídeselo tú con mucha fe y fervor”. Y me dejó mientras ella me alcanzó el Niño de la capillita, y me lo trajo diciéndome: “Toma, hija mía, el divino Niño que me da la Virgen para que lo beses”… Oh, entonces qué feliz me encontraba con él en mis brazos, le estrechaba…, le besaba y me ofrecí a él para siempre. Entonces sentí fuerzas para sacrificarle mi papá, mis hermanitos pequeños, mi abuela, ya no quería volver al mundo, entonces me sentí consagrada a él para siempre. Fue el 2 de febrero del mismo año… Después Jesús me regaló. Dios sea bendito. Amén.”

Hoy recordamos el 133 aniversario del nacimiento de M. Trinidad en Monachil, Granada. Era la cuarta hija del matrimonio, la primera niña, y fue recibida en la familia con gran alegría.  A continuación un breve fragmento de su infancia contado por ella misma.

Nos refería mi madre, que le di mucho quehacer desde antes de nacer, estuvo a la muerte, y avisaron a mi padre que estaba en Toledo, porque creyeron moría, y al nacer quedó completamente buena y yo nací tan robusta y grande que creían los que me vieron en la iglesia en el bautismo que tenía ya meses, cuando solo contaba tres días. Dicen, era muy traviesa, miraba a todos como si conociera, esto me lo refería mi madre y abuela, cuando me reprendían me decían que venía dando ruido desde antes de nacer. Cuánto les hice sufrir con mis travesuras. Mi hermanita menor fue tan buena que nunca la tuvieron que castigar, por lo que pensaron mis padres, lo conveniente que sería pagar una señora piadosísima y muy instruida (algo parienta) que viniese a la casa a educarnos, ayudando de ese modo aquella familia que vino a extrema pobreza, para evitar peligrara nuestra inocencia que mi madre quería conservar con tanto interés. ¡Temían tanto de mí, tan viva y traviesa, que parecía no se cuidaba de los demás! Así estuvimos tres años con aquella señora que nos enseñó a leer y escribir corrientemente hasta que hicimos la primera Comunión, que yo la hice de ocho años por esperar hacerla junto con mi hermana menor. Como nos preparó mi santa madre, no podré expresarlo… todo su afán que Jesús no encontrase en el alma de sus hijas ni la más pequeña sombra… Ella no confió a nadie nuestro cuidado, de noche nos hacía ver cómo quedábamos bajo el manto de la Santísima Virgen, custodiadas por los ángeles… y cuando nos quitó la cuna, y mi hermanita no quería dormir sola, nos pusieron a las dos juntas en una camita junto a su cuarto, y no se iba hasta dejarnos dormidas, hablándonos de Dios, de la Santísima Virgen y de los santos. Nos decía que entre las dos dormía el Ángel de la Guarda, que luego le daba cuenta de lo que hacíamos y nos creíamos como si lo viésemos, y a pesar de mis travesuras me parecía que creía yo más que mi hermana, porque como más pequeñita ella en el invierno quería abrazarse a mí y yo no le permitía, me parecía que el ángel que yo veía entre las dos se podía marchar, y le decía: no permito que el ángel se vaya, anda, abrázate a él, que te calentará más que yo… y el angelito me decía con mucho candor: ¡No, si se marchó ya!, yo no lo veo aquí, ¡déjame acercarme que tengo tanto frío! Y yo, que me parecía ver el ángel, llamaba a mi madre para que ella nos dijera si se disgustaría el Señor cuando ella me pedía la calentara…

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