A continuación dos textos de M. Trinidad que muestran su pasión por responder al grito del seráfico padre: “El Amor no es amado”, lo que le llevó a entregarse a la Adoración perpetua.
Soliloquios con mi padre san Francisco de Asís
Capuchinas Eucarísticas bajo el amparo
de nuestra Madre Santísima, María Santísima.
“Víctimas Esclavas” de la sagrada Eucaristía.
4 de octubre de 1930
Había el Señor infundido en mí una fe y amor tan grande, que viéndole muerto en la cruz y encerrado tantos siglos en el sagrario, todas las penas me parecían nada en comparación de lo que un corazón amante desea sufrir por su amor; y sólo el corazón de mi seráfico padre san Francisco era el único que me explicaba las ansias de amar y sufrir… ¿Por qué no imprimes en mi alma las llagas que Jesús abrió en tu cuerpo en el monte Alvernia?… Hiéreme Seráfico Padre con aquel dardo de amor que te hacía exclamar: ¡El Amor no es amado!… Y ese eco divino de amor que ardía en tu pecho, que repercuta y encienda en amores eucarísticos los corazones de las hijas todas, las que han sido llamadas a la vida de víctimas de tu Amor Sacramentado, que quiero hoy unirlas a ti y que todas las que por especial vocación quieran ser Capuchinas Eucarísticas, sobre las cuales tiene vuestro Corazón especial predilección y amor.
Esc 7 p.71
Súplica que hice en Asís
junto al sepulcro del
seráfico padre san Francisco
en noviembre del año 1935
¡Oh gloriosísimo padre mío san Francisco de Asís, bendice a todas tus hijas las Capuchinas Eucarísticas de la Madre de Dios!… a todas las que fieles a tu voz corrieron a vuestro llamamiento por tu primogénita y dignísima hija vuestra y madre santa Clara, cuando el 18 al 20 de marzo del año 1912 y 1913 prosternadas en adoración ante el santo tabernáculo oyeron la voz dulcísima de Jesús en aquel santo viril: “quiero me atraigas muchas almas consagradas que me adoren y reparen las ofensas que recibo en este Sacramento de mi amor…”
“Santo mío, padre mío amantísimo, hemos sido llamadas por Dios a seguir tus huellas, abrazando gustosamente por amor de Dios la Regla que disteis a nuestra madre santa Clara el 18 de marzo el año de 1212. Gustosísimas abrazamos tu santa Regla; tu espíritu de humildad y pobreza nos atrajo a la vida capuchina eucarística… Allí junto al sagrario al pie de la santa custodia, el alma enchida y abrasada de amor divino, que tu corazón ardía suspirando por “que el Amor no es amado”, nuestras almas queriendo interpretar tus ansias, corrimos hacia la seráfica madre santa Clara como iría el joven del Evangelio al divino Maestro.
Madre mía, qué haremos para llegar a la sagrada Eucaristía a reparar los pecados y sacrilegios de los sacerdotes y religiosos, qué haríamos para llegar a la santidad que merecisteis del Señor y mostrándonos la alegría y gozo de los ángeles en el santo viril, parecía decirnos a tus hijas, como el profeta Elías: “Tomad y comed que os queda un largo camino que andar” (1Re 19,7), y cogiendo con el amor que da tu espíritu seráfico, recibimos y tomamos la fuerza y valentías para amar, adorar y reparar a Jesús Sacramentado por los pecadores.
Esc 5 p. 113