Fundadora de las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios

En un día como hoy de 1889, con tan solo diez años Madre Trinidad se consagraga a Jesús en el colegio de Santa Inés de Granada, desde entonces sólo quiso ser Suya…

“A la M. Maestra le hablaba del Niño, de su hermosura, de lo que gustaría tenerle un ratico en mis brazos… Ella me oía con atención y me decía: “El Niño Jesús vendrá a tus brazos cuando quieras ser su esposa, pero ahora que quieres irte con tu papá, ¿cómo vas tú a merecer mecerlo y besarlo y después te marchas…?” ¡Oh, no, madre mía, que si beso a ese Niño yo seré lo que él quiera, o su esposa, o su niñera… y la maestra me seguía el hilo y me decía: “Tienes que pedírselo a su Madre Santísima, la Virgen Santísima, y no sé que le parecerá”. Y cogiéndome de la mano, me dijo: “Ven conmigo”. Y me llevó al coro y me puso de rodillas delante de la Santísima Virgen, y me dijo: “Ahora pídeselo tú con mucha fe y fervor”. Y me dejó mientras ella me alcanzó el Niño de la capillita, y me lo trajo diciéndome: “Toma, hija mía, el divino Niño que me da la Virgen para que lo beses”… Oh, entonces qué feliz me encontraba con él en mis brazos, le estrechaba…, le besaba y me ofrecí a él para siempre. Entonces sentí fuerzas para sacrificarle mi papá, mis hermanitos pequeños, mi abuela, ya no quería volver al mundo, entonces me sentí consagrada a él para siempre. Fue el 2 de febrero del mismo año… Después Jesús me regaló. Dios sea bendito. Amén.”

Hoy recordamos el 133 aniversario del nacimiento de M. Trinidad en Monachil, Granada. Era la cuarta hija del matrimonio, la primera niña, y fue recibida en la familia con gran alegría.  A continuación un breve fragmento de su infancia contado por ella misma.

Nos refería mi madre, que le di mucho quehacer desde antes de nacer, estuvo a la muerte, y avisaron a mi padre que estaba en Toledo, porque creyeron moría, y al nacer quedó completamente buena y yo nací tan robusta y grande que creían los que me vieron en la iglesia en el bautismo que tenía ya meses, cuando solo contaba tres días. Dicen, era muy traviesa, miraba a todos como si conociera, esto me lo refería mi madre y abuela, cuando me reprendían me decían que venía dando ruido desde antes de nacer. Cuánto les hice sufrir con mis travesuras. Mi hermanita menor fue tan buena que nunca la tuvieron que castigar, por lo que pensaron mis padres, lo conveniente que sería pagar una señora piadosísima y muy instruida (algo parienta) que viniese a la casa a educarnos, ayudando de ese modo aquella familia que vino a extrema pobreza, para evitar peligrara nuestra inocencia que mi madre quería conservar con tanto interés. ¡Temían tanto de mí, tan viva y traviesa, que parecía no se cuidaba de los demás! Así estuvimos tres años con aquella señora que nos enseñó a leer y escribir corrientemente hasta que hicimos la primera Comunión, que yo la hice de ocho años por esperar hacerla junto con mi hermana menor. Como nos preparó mi santa madre, no podré expresarlo… todo su afán que Jesús no encontrase en el alma de sus hijas ni la más pequeña sombra… Ella no confió a nadie nuestro cuidado, de noche nos hacía ver cómo quedábamos bajo el manto de la Santísima Virgen, custodiadas por los ángeles… y cuando nos quitó la cuna, y mi hermanita no quería dormir sola, nos pusieron a las dos juntas en una camita junto a su cuarto, y no se iba hasta dejarnos dormidas, hablándonos de Dios, de la Santísima Virgen y de los santos. Nos decía que entre las dos dormía el Ángel de la Guarda, que luego le daba cuenta de lo que hacíamos y nos creíamos como si lo viésemos, y a pesar de mis travesuras me parecía que creía yo más que mi hermana, porque como más pequeñita ella en el invierno quería abrazarse a mí y yo no le permitía, me parecía que el ángel que yo veía entre las dos se podía marchar, y le decía: no permito que el ángel se vaya, anda, abrázate a él, que te calentará más que yo… y el angelito me decía con mucho candor: ¡No, si se marchó ya!, yo no lo veo aquí, ¡déjame acercarme que tengo tanto frío! Y yo, que me parecía ver el ángel, llamaba a mi madre para que ella nos dijera si se disgustaría el Señor cuando ella me pedía la calentara…

NAVIDAD 2011

“Aquel espíritu seráfico de nuestra madre santa Clara y padre san Francisco es el que vengo a pediros delante de vos, Jesús mío amantísimo de mi alma, en este tabernáculo donde me pedís constantemente vengamos a ti a ofreceros la adoración y amor que en Belén recibisteis de los pastores y reyes y de vuestra Madre Santísima y san José!…”

(Braga 1935)

                         FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO 2012

 Que Dios nos conceda la misma experiencia que a los Magos de Oriente:

            buscarle, encontrarle, reconocerle y ADORARLE…

Asís, 21 de noviembre de 1935, en la Iglesia de religiosas de santa Clara, junto a su sagrado cuerpo y bajo la mirada de Jesús Sacramentado, su indigna sierva y madre,

       Sor Trinidad del Purísimo Corazón de María, abadesa.

        Festividad de la Presentación de Nuestra Señora María Santísima y XXXIX aniversario que tomé el santo hábito de Capuchina de Jesús María de Granada, la primera vez que solemnemente subí al altar a consagrarme a Dios, pues en este acto me dio el Señor unas luces extraordinarias… y me favoreció con una cantidad de amor tan fuerte… que todo el año de noviciado estuve como fuera de mí… no sé cómo me admitieron a la profesión, pues creo vivía más en Dios que en la tierra… y mi santa maestra suplía mi inutilidad con mucha caridad.

“Es necesario que Él crezca y yo disminuya…” Para que Jesús reine en nuestras almas, en nuestro corazón y en nuestras obras, es necesario desaparecer el yo; nos pide negarnos, morir a nosotras mismas para que Cristo reine y viva en mí, en nosotras mismas, en nuestra amada Congregación. Sin esta muerte de nosotras mismas no habrá paz, ni entraremos nunca en el camino que nos señaló Jesús al llamarnos del desierto a enseñar su santa Doctrina a los niños y encender el fuego de su caridad en una nueva generación cristiana que reconozca por Rey y Señor del mundo al que es soberano Señor, Rey y Salvador del mundo, Cristo Jesús y a su dulcísima Madre María Santísima y San José. Amén

A continuación dos textos de M. Trinidad que muestran su pasión por responder al grito del seráfico padre: “El Amor no es amado”, lo que le llevó a entregarse a la Adoración perpetua.

 

Soliloquios con mi padre san Francisco de Asís

                                                                                                                                                                                      Capuchinas Eucarísticas bajo el amparo

de nuestra Madre Santísima, María Santísima.

 “Víctimas Esclavas” de la sagrada Eucaristía.

4 de octubre de 1930

 Había el Señor infundido en mí una fe y amor tan grande, que viéndole muerto en la cruz y encerrado tantos siglos en el sagrario, todas las penas me parecían nada en comparación de lo que un corazón amante desea sufrir por su amor; y sólo el corazón de mi seráfico padre san Francisco era el único que me explicaba las ansias de amar y sufrir… ¿Por qué no imprimes en mi alma las llagas que Jesús abrió en tu cuerpo en el monte Alvernia?… Hiéreme Seráfico Padre con aquel dardo de amor que te hacía exclamar: ¡El Amor no es amado!… Y ese eco divino de amor que ardía en tu pecho, que repercuta y encienda en amores eucarísticos los corazones de las hijas todas, las que han sido llamadas a la vida de víctimas de tu Amor Sacramentado, que quiero hoy unirlas a ti y que todas las que por especial vocación quieran ser Capuchinas Eucarísticas, sobre las cuales tiene vuestro Corazón especial predilección y amor.

            Esc 7 p.71

                                                                                                                   Súplica que hice en Asís

 junto al sepulcro del

 seráfico padre san Francisco

en noviembre del año 1935

             ¡Oh gloriosísimo padre mío san Francisco de Asís, bendice a todas tus hijas las Capuchinas Eucarísticas de la Madre de Dios!… a todas las que fieles a tu voz corrieron a vuestro llamamiento por tu primogénita y dignísima hija vuestra y madre santa Clara, cuando el 18 al 20 de marzo del año 1912 y 1913 prosternadas en adoración ante el santo tabernáculo oyeron la voz dulcísima de Jesús en aquel santo viril: “quiero me atraigas muchas almas consagradas que me adoren y reparen las ofensas que recibo en este Sacramento de mi amor…”

            “Santo mío, padre mío amantísimo, hemos sido llamadas por Dios a seguir tus huellas, abrazando gustosamente por amor de Dios la Regla que disteis a nuestra madre santa Clara el 18 de marzo el año de 1212. Gustosísimas abrazamos tu santa Regla; tu espíritu de humildad y pobreza nos atrajo a la vida capuchina eucarística… Allí junto al sagrario al pie de la santa custodia, el alma enchida y abrasada de amor divino, que tu corazón ardía suspirando por “que el Amor no es amado”, nuestras almas queriendo interpretar tus ansias, corrimos hacia la seráfica madre santa Clara como iría el joven del Evangelio al divino Maestro.

            Madre mía, qué haremos para llegar a la sagrada Eucaristía a reparar los pecados y sacrilegios de los sacerdotes y religiosos, qué haríamos para llegar a la santidad que merecisteis del Señor y mostrándonos la alegría y gozo de los ángeles en el santo viril, parecía decirnos a tus hijas, como el profeta Elías: “Tomad y comed que os queda un largo camino que andar” (1Re 19,7), y cogiendo con el amor que da tu espíritu seráfico, recibimos y tomamos la fuerza y valentías para amar, adorar y reparar a Jesús Sacramentado por los pecadores.

Esc 5 p. 113

 

Orense, 15 -09-1938.

Fiesta de nuestra soberana Reina y Madre amantísima de los Dolores.

            ¡Madre mía!… En todas las épocas de mi vida os encontré, y cuando oía una voz en mí: “Haced aquello que es agradable a los ojos de nuestro Dios…” Hace muchos años que oigo como una voz en lo más íntimo de mi alma, y siempre que buscaba de dónde venía a mí aquella fuerza sobrenatural y divina, que como una saeta entraba en mi alma y me despertaba, si andaba dormida, me encontré con vos, Madre mía dulcísima, que con la mirada de dolor y amor al pie de la cruz… y derretías mi corazón en amor y dolor como el vuestro, y me pedías almas sacrificadas por la penitencia y la muerte de sí mismas, que se ofreciesen a tu divino Hijo en el Santísimo Sacramento como hostias vivas en expiación y desagravio de los horribles odios y pecados del mundo, y con su amor atrajeran a la tierra la fe y amor a tu santísimo Hijo muerto en la cruz por las almas elegidas… de las cuales se queja amarguísimamente el Señor y por ellas nos pide reparación adoración y expiación.

            Vos, mi dulcísima Madre María Santísima, que alentasteis mis temores, cuando a los primeros pasos del camino que me mostrasteis cuando la obediencia me mandó salir (a los 33 años de vida religiosa) por primera vez a fundar la casa de Chauchina…, vuestra promesa de ser mi Superiora, Maestra y Madre me suavizó el mayor sacrificio de mi vida, que era salir de mi amada y estrecha clausura a formar un nuevo convento de Capuchinas Eucarísticas víctimas, según el modelo que recibí del Corazón amorosísimo en la Sagrada Eucaristía…

            Vos, Madre mía amantísima, que conocéis mis penas y trabajos… y mi grandísima miseria y ruindad, ¡apiadaos de mí!, venga a mi corazón atribulado una mirada maternal y alentadora y ahora que el día de mi vida baja y declina hacia el horizonte sin fin de la eternidad… ¡Madre mía!, no os pido que arranquéis de mi senda las espinas y llenéis de flores el término de mi camino: ¡No, Madre mía! No, mis pies están habituados a las asperezas del terreno, mi corazón se encariñó con la cruz desde que Jesús vuestro Hijo y Salvador mío me la dio por báculo en mi orfandad, y desde entonces, que empezó mi peregrinación y por herencia la elegí con todo el amor de mi alma, sólo ella puede asegurar mis últimos pasos, y apoyada en ella es como quiero terminar mi carrera en este mundo. Bajo vuestra mirada dulcísima y maternal quiero morir en ella junto a Jesús, vuestro Hijo, y que mi corazón participe de aquellas divinas palpitaciones del adorable Corazón de Jesús. Amén.

                                                                                                                M. Trinidad

Buen día!!

Hoy nos alegramos con toda la Congregación por el nacimiento de la Virgen María a quien tantas veces Madre Trinidad nos consagró y de manera especial recordamos sus escritos contándonos su experiencia después de la guerra en el camarín de la Virgen de Gádor que también hoy está de fiesta. Felicidades a Berja y a las hermanas que allí viven el carisma.

           “¡Oh Jesús dulcísimo de mi alma, bendito seas, que no faltáis a vuestras divinas promesas,cuando fieles a tu amor buscamos vuestra gloria y el Reino de los cielos.

            ¡Bendita seas Madre de Gádor que acogisteis de nuevo a tus hijas las Capuchinas Eucarísticas que tus dolores santísimos nos cobijaron en Chauchina 6 años!

Al fin nuestra Madre dulcísima parece quiere hallarnos en su compañía para desagraviarle y expiar los crímenes y sacrilegios cometidos en su santuario. Ella se dignó hacerlo sentir a este corazoncillo miserable la primera vez que entré en su santuario destruido y su camarín desierto… ¡Qué dolor y qué consuelo sintió mi alma en aquellos momentos que parecía haberse trasladado el cielo a aquel rinconcito de gloria!…

            ¡Nunca vi aquel camarín tan celestial y divino!… Nuestra Madre Santísima de Gádor, que siempre graciosa y alegre atraía con su precioso Niñito en sus brazos, aquel día que radiante de gloria se hizo ver en su camarín, nos pedía no la dejásemos sola y consolásemos a su Hijo santísimo de los pecados y crímenes allí cometidos… Se lo prometí con toda mi alma cuando parecía decirme: “¿Qué va a ser de mis hijos virgitanos si ahora les falta el brazo de vuestra oración y penitencia?…”  M. Trinidad (1939)

Hola!! La mayoría estamos empezando un nuevo curso, con nuevas expectativas, quizás nuevas tareas, nuevos retos. Y ante esto podemos pedir junto con Madre Trinidad que nuestra unión con Cristo sea tan intensa que no seamos nosotras las que obremos, sino que sea Él quien nos convierta en instrumentos de su obra.

“Cuando Jesús se hace sentir en mi alma estoy en él o Dios dentro de mi alma tan unido para obrarlo todo, que siendo dos, no parecía ser más que uno: tan uno que nunca soy yo la que obro sino que siento ser Dios el que obra en mi sin dejar de atender a los trabajos y ocupaciones inherentes al cargo, siento no soy yo la que trabajo, hay en mi un ser divino que es el que obra, y yo me siento como impulsada del amor aquel que opera en mí.” (1930)

BUEN TRABAJO!!

¡Sí!… Qué es, Jesús Sacramentado el principal ideal de su obra: ¡Ser adorado de muchas almas en la sagrada Eucaristía, en espíritu y en verdad!” M. Trinidad 

Escritos 3 p. 162

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